Exposición Kipará

Exposición de Martha Álvarez sobre la pintura corporal Emberá

Cito desde el video:

La exposición KIPARÁ: Pintura Corporal Embera, es el resultado de un proyecto de Investigación realizado durante los años 1995-1996, en torno a la práctica cultural de los indígenas Embera en el Estado del Chocó, Colombia. Se realizó un trabajo de campo con 3 comunidades de vertiente: Catrú y Playita –ubicadas en el medio Baudó- y Jengadó –en el río Atrato, y una de montaña, Aguasal –Alto Andágueda-.

El “kipará”, significa en lengua “êpera pedea” pintura facial y corporal, y es un elemento de vital importancia en la estructura cultural de la etnia Embera, porque posee una función primordial de identificación y aceptación. Por medio de ella, interactúan los diferentes componentes de su mundo – dioses, hombres, animales, plantas, objetos – en sí todos los integrantes de la madre tierra. Cuando una mujer porta en su pintura los símbolos que identifican la ranita, los que la observan los identifican y comprenden que ella la está aceptando como parte de su mundo. Se establece un puente de comunicación entre el Jaibana (chamán) y el mundo de las esencias, habitado por los jai (esencias ó espíritus), logrando una relación entre lo humano, lo natural y lo mítico.

La acción “del pintar” es producto de un proceso en el que se sintetiza la realidad por medio de la abstracción, y para llegar a ella, el hombre ha analizado y reflexionado previamente, a través de sus sentidos en aquellos aspectos de la forma real, reduciéndolos hasta traducirlos en símbolos. En este proceso, la forma real vacía su contenido para conservar solo unos rasgos, que a los ojos del creador son los más representativos y que permitirán la identificación por parte del receptor. La representación se hace sobre la piel, con el empleo de dos pigmentos: uno negro, extraído de la jagua –Genipa Americana- y uno rojo, sacado del achiote –Bixa Orellana-.

En los símbolos se sintetizan las características que hacen distinguible a cada ser, a cada cosa; cada uno constituye un sistema de códigos, manejado por los miembros de la comunidad. Al extraviarse dichos elementos simbólicos, se pierde gran parte de la esencia de la vida y la memoria, en sí, de la identidad; se pierden los componentes referenciales que los hacen sobrevivir y transmitir tras generaciones todo su bagaje cultural.

 

 

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